viernes, 7 de diciembre de 2012

Polvorones

Polvorones.
Cada año se adelanta un poco más la Navidad, en el calendario es la "queja" de la gente cuando empiezan a aparecer los turrones y dulces típicos de estas fechas en las estanterías de los supermercados a partir de octubre. Pero para mí es todo lo contrario; de hecho al acabar el verano estoy deseando que saquen a la venta todos estos dulces que habitualmente no encontramos el resto del año (qué le vamos a hacer, goloso que es uno).

Me pierden los polvorones, pero no los típicos mantecados de sabores (canela, chocolate, limón, rosco de vino...); estos no están mal, pero el auténtico polvorón de almendra, el de toda la vida, envuelto en su papel de seda, artesanal, que lo introduces en la boca y se desmiga solo pero no se forma una bola seca imposible de tragar. Aunque claro, este polvorón al que me refiero tampoco es tan fácil de encontrar, porque los ves expuestos en los estantes, vendidos al peso pero cuando los quitas el envoltorio ya adivinas y cuando los comes confirmas que es más de lo mismo: mantecado, de almendra, pero hecho de forma industrial, la misma masa reseca y pastosa que se te pega al cielo de la boca.
Así que este año me he decidido a hacerlos yo mismo y tras varios intentos he dado con una receta aceptable; no es el resultado que iba buscando exactamente, pero sí es muy bueno. No es el clásico polvorón de almendra, pero seguiré intentándolo.
Para esta receta he sustituido la manteca de cerdo por mantequilla, pues en pruebas anteriores sólo me sabían a manteca; y la mantequilla es "light", un poco menos calórica de lo normal, ya que es la que suelo usar siempre.
Cuando los comemos encontramos una muy ligera resistencia inicial, sin llegar a estar crujientes, por el gratinado al que los sometemos. Luego se vuelve un bocado suave, nada pastoso y que se deja comer con facilidad.
El sabor, ligeramente a anís por el licor empleado y un toque muy sutil de canela, casi crea adicción.
Seguiré intentando encontrar una receta para el clásico polvorón de almendra de toda la vida, tal vez sólo con harina de almendra, ya veremos. 

Ingredientes:
Nº raciones: 6 unidades algo grandes (depende del tamaño del molde)
  1. 60 gr. de almendra molida
  2. 140 gr. de harina de repostería
  3. 50 gr. de azúcar glas
  4. 60-65 gr. de mantequilla (light)
  5. canela en polvo
  6. 1 chorrito de anís
  7. azúcar glas para espolvorear

Elaboración:
Tostar la harina y almendra molida (lo podemos hacer con ambas mezcladas sin ningún problema) hasta que comiencen a coger un tono ligeramente tostado, pero sin dejar que se cocine en exceso para que no amargue. Normalmente se suele secar en el horno a una temperatura moderada de unos 150-160ºC, pero lo podemos hacer tranquilamente en una sartén a fuego medio-bajo y removiendo de vez en cuando para que no se queme. Una vez lista la dejamos enfriar completamente; podemos tostar las harinas el día antes.
Mezclar el azúcar glas y la mantequilla a temperatura ambiente; añadir entonces la canela (cantidad al gusto, aunque mejor no abusar, lo justo para dar un toque de sabor) y el chorrito de anís.
Conseguida una mezcla homogénea añadimos la harina y amasamos hasta obtener una masa lisa y sin grumos, ligeramente pegajosa; si es necesario durante el proceso se puede añadir un poco más de mantequilla para conseguir que la masa se compacte y no se deshaga.
Formamos una bola con ella, la envolvemos en film transparente y refrigeramos en torno a 30 minutos.
Una vez refrigerada la masa la sacamos del frigorífico y la extendemos sobre la superficie de trabajo con un rodillo o simplemente a mano; según la vayamos extendiendo se agrietará por los bordes. Con la ayuda de un cortapastas, un vaso de vino o similar vamos haciendo los polvorones, que colocamos sobre una bandeja. Los recortes de masa los vamos aprovechando para hacer más unidades.
Una vez listos los dejamos secar al aire en torno a 1 hora. Finalmente los gratinamos durante 10-15 miutos, dependiendo del horno; los iremos vigilando para retirarlos cuando comiencen a tortarse por la superficie.
Recién sacados del del horno veremos que se pueden haber agrietado algunos; en este momento son muy delicados y si los manipulamos se pueden deshacer, así que los dejamos enfriar por completo antes de espolvorearlos con un poco de azúcar glas por encima.
Ya sólo queda almacenarlos hasta comerlos.

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