martes, 16 de abril de 2013

Ruta por la Sierra de Guadarrama

El domingo rompí la monotonía de las salidas domingueras en bicicleta. Aprovechando que pasaba el fin de semana en Madrid pedí a los colegas de club que organizasen una ruta por la sierra madrileña y dicho y hecho; así cambié los habituales bosques de robles por los de pinos, "mi" Sierra de Béjar por la Sierra de Guadarrama.
Casualmente el libro que estoy leyendo actualmente se desarrolla en parajes muy próximos, durante la Guerra Civil, así que le aporta un algo más a la jornada. Para mi es una ruta que discurre por un pedazo de la historia, comenzando en el Embalse de la Jarosa con la vista de la Cruz del Valle de los Caídos sobre nuestras cabezas y subiendo por la Pista de la Mina, de buen firme durante unos 10 km hasta el Collado de la Cierva o de la Mina.

La ascensión es tranquila, para ir "entrando en calor" mientras observamos las antiguas trincheras de la guerra (que están señalizadas, por cierto) y los búnquers. Un poco antes de coronar ya debemos dirigir nuestras miradas hacia abajo para poder divisar la Cruz del Valle de los Caídos, y es que vamos ganando altura de forma constante, sin descanso.
Un pequeño tramo de descenso por asfalto tras coronar nos lleva hasta el Collado del Hornillo, donde giramos a la derecha para coger el GR-88 y llegar a una cancela para cambiar de provincia y entrar en Segovia. Justo en este punto terminan de ascender por donde lo haremos nosotros unas horas más tarde un grupo de ciclistas con "monturas" en el límite entre el enduro y el descenso, todos colocándose las protecciones para comenzar a descender en su camino.
Nosotros seguimos el nuestro, ahora por el Camino de la Peña del Águila, inicialmente en peor estado por la acción del agua durante el invierno y más abajo con tramos más rápidos y con mejor firme, siempre entre pinos, para llegar a San Rafael; el descenso, aunque son casi 4 km, se hace siempre corto. Nuevamente toca subir, aunque es bastante tendida la pendiente y se hace con relativa facilidad, de nuevo por el GR-88 siguiendo la pista que nos lleva hasta el Cordel de la Campanillas, que con un firme técnico nos dirige al Alto de los Leones por la vertiente madrileña en el último tramo.
Cruzamos la carretera y enfilamos el camino del Vía Crucis en dirección a Peguerinos; de seguir este tramo asfaltado llegaríamos nuevamente al Collado de La Cierva, pero giramos enseguida a la derecha para buscar la Cañada Real Leonesa por un tramo de constante sube y baja, y una vez que la alcanzamos la seguimos hacia nuestra izquierda para subir a la misma cancela que ya habíamos atravesado a la ida, en el límite de provincia. Ahora no encontramos un grupo nutrido de ciclistas pero sí una pareja (probablemente de enamorados) y un extranjero, todos ellos en bici. Encarnan por un lado la imprudencia e inconsciencia y por otro la aventura: las primeras la representan la pareja, que por sus preguntas apreciamos que desconocen el terreno y aún así van sin mapa o gps, además de no llevar más ropa de abrigo que la que llevan puesta, y es de verano. La aventura la representa el extranjero, que nos pregunta mapa en mano el camino a seguir para conseguir su meta; su bici es peor, más antigua, pero plenamente funcional y sin duda le llevará al fin del mundo y sus ropas no son de ciclista sino un pantalón de pana y una sudadera, pero se le ve curtido, seguro de si mismo y sabedor de lo que se trae entre manos.
Seguimos nuestro camino hasta el Collado del Hornillo nuevamente, pero al llegar a la carretera en lugar de girar a la izquierda y "deshacer" el camino de la ida por el Collado de la Mina la cruzamos y nos dirigimos hacia el Cerro de la Salamanca en una ascensión que no llega al kilómetro de longitud pero que es divertida por lo técnica, una senda estrecha llena de piedra y algunas raíces. No llegamos al mismo cerro, donde hay un refugio con el tejado caído, sino que lo dejamos a nuestra izquierda para emprender el descenso al punto de partida de la ruta; nos quedan 7 km, de los cuales los 3 primeros son bastante técnicos siempre sobre piedra que aunque no está suelta sí tiene un tamaño en algunos momentos considerable, con tramos en los que se va prácticamente encajonado y con algunos escalones de cierta entidad. Nos gusta bajar, y vamos adelantando a otros ciclistas a los que no se ve tan diestros en estas lides y nos ceden el paso (van descendiendo casi todo el camino a pie); los últimos 4 km de la ruta son por sendero rápido entre pinos y jara, revirado, muy divertido también. Sin darnos cuenta estamos de nuevo en el aparcamiento donde dejamos los coches a primera hora de la mañana, junto a un chiringuito, ahora plagado de gente pasando un día de campo.
Una ruta muy bonita, con un poco de todo, subidas y bajadas, pistas, senderos y trialeras... siempre entre grandes pinos propios de la sierra madrileña.

En el enlace el track de la ruta.

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