lunes, 16 de septiembre de 2013

Salsa de tomate

Salsa, tomate
Salsa de tomate.
Ir a comer un plato de espaguetis, por ejemplo, con tomate y que la salsa sea algo líquido, casi agua, de color anaranjado que a duras penas tiñe la pasta... ¿te suena? Si no quieres repetir la experiencia, al menos en tu propia cocina, sigue leyendo.

Es LA SALSA, con mayúsculas; sencilla, sabrosa y sin necesidad de ingredientes grasos como nata para potenciar cualquier plato por sencillo que sea.

La encontramos en cualquier supermercado, de infinidad de marcas, pero si queremos una salsa de tomate en condiciones y a nuestro gusto nada como hacerla nosotros mismos. Merece la pena el tiempo que invertimos en hacerla, que tampoco es excesivo y siempre podemos hacer algo más de cantidad para tener para varios días, o incluso envasarla y cocecerla al baño María para almacenar durante un período largo de tiempo, como cualquier otra conserva.

Como en todo, la materia prima de buena calidad es fundamental, aunque no siempre la tenemos disponible, como es este el caso. Por ello he empleado un bote de tomate triturado, además de un par de tomates caseros, para dar el punto de sabor.

El resto de hortalizas: la cebolla, el ajo y la zanahoria son caseros, del huerto de una tía, y la albahaca de mi propio macetero.

Dependiendo de los gustos particulares y del uso que la vayamos a dar la podemos pasar por la batidora para tener una salsa fina o bien picar los ingredientes de inicio bastante finos y dejarla con "tropezones", que se pueda masticar un poco la verdura. En esta versión la he dejado de esta última forma, espesa y con trocitos, para hacer de cama de un buen lomo de bacalao.

Las cantidades son un poco a ojo, siempre predominando el tomate, por supuesto, el protagonista a la postre.

Ingredientes:
  1. Cebolla
  2. 2 dientes de ajo
  3. 1 zanahoria pequeña
  4. 2 tomates pequeños
  5. 1 bote de tomate triturado (400 gr.)
  6. Vino blanco
  7. Albahaca
  8. Sal
  9. 1 cc azúcar

Elaboración:
Picamos fina la cebolla y el ajo y rehogamos con una pizca de sal en un poco de aceite de oliva.

Pelamos y cortamos la zanahoria en dados lo más pequeño posible; la añadimos a la cazuela cuando la cebolla comienza a estar transparente y cocinamos un par de minutos, cuando añadimos un chorrito de vino y seguimos cocinando hasta consumirse.

Añadimos ahora el tomate: los naturales si los empleamos, pelados y en dados menudos, y la lata de tomate triturado con su caldo. Al mismo tiempo añadimos el azúcar para contrarrestar la acidez propia del tomate.

Cocinamos con la cazuela tapada hasta reducir al gusto, dependiendo que queramos la salsa más o menos espesa.

Finalmente picamos fina la albahaca y la añadimos en el último momento; mezclamos y retiramos del fuego.

Si queremos una salsa fina la podemos pasar por la batidora; si no, la dejamos como está, con sus "tropezones".

Muy sencilla, y sabrosa.

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