jueves, 3 de octubre de 2013

Adiós verano

verano, otoño
El otoño ha llegado de golpe, casi sin avisar; aunque según el calendario ya habíamos dejado el verano hacía unas fechas en lo climatológico se resistía a abandonarnos con el típico veranillo de San Miguel.

Pero todo tiene su tiempo, así que antes o después tenían que llegar las lluvias, la inestabilidad meteorológica, los días más frescos...

Siempre ha sido la estación del año que más me ha gustado, llena de contrastes en todos los aspectos (un poco como creo ser yo): grandes alternancias térmicas entre unos días y otros, e incluso dentro de la misma jornada; días nublados unos y de mucha luminosidad otros, lluviosos o secos, todas las gamas de verdes, amarillos y ocres en los paisajes, tiempo de recolección: los dulces higos de final del verano, las uvas, las castañas por los Santos, las setas...

Pero algo está cambiando, algo he ido perdiendo por el camino sin darme cuenta que hace que ya no vea las cosas de la misma manera. Antes era una aventura salir a hacer una ruta, desde decidir qué ropa me ponía (hay que vestirse a capas, como las cebollas, e ir poniendo o quitando prendas según el momento) al trayecto a seguir: encontraría charcos donde el día anterior había polvo o sería todo un barrizal, las piedras estarían húmedas y resbaladizas o secas y con agarre.

Ahora lo que pienso es que las posibilidades de volver empapado porque me caiga un chaparrón son bastante mayores que las de volver seco, sucio por el barro, más riesgo de caídas, los caminos más pesados, el engorro de llevar más ropa, poniendo o quitando durante la ruta... y no hablemos ya del invierno que llegará antes de enterarnos, con el frío que cada vez llevo peor.

Donde antes veía diversión ahora veo calamidades; veo a la gente con ilusión y ganas de salir aún cuando está lloviendo y a mí, que con cuatro gotas prefiero quedarme en casa. Y siento envidia, sana o insana no lo sé.

Algo he perdido por el camino... que espero recuperar.

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