lunes, 10 de agosto de 2015

Chorro de Las Batuecas

Chorro de Las Batuecas
Dentro del río Batuecas
Paréntesis, kit-kat, reseteo... cada uno lo puede llamar como más le guste. Romper con la rutina, eso es lo que ha sido este pasado "fin de semana"; y lo escribo entrecomillado porque me resisto a considerarlo un fin de semana completo cuando la mañana del sábado hay que trabajar, pero bueno, hay quien lo tiene peor.

Llegamos al punto de reunión el sábado por la tarde, pedimos un café mientras llega el resto del grupo y antes de que nos lo sirvan ya estamos todos. No hay prisas, no hay reloj, un rato de charla acompañado del café y nos dirigimos al alojamiento, nos instalamos, más charla, competiciones con la Wii, preparamos una cena sencilla con un poco de aporte de cada uno, sobremesa... son las tantas y hay que descansar que por la mañana hay prevista ruta senderista.

La marcha no será complicada pero sí lleva su tiempo. Habría que madrugar más probablemente pero como es lógico a la mayoría de la gente no le gusta levantarse pronto un domingo, así que a eso de las 10:30 comenzamos a andar por una pasarela de madera desde el aparcamiento hasta el Monasterio de Las Batuecas, junto al que sale un sendero paralelo al río y que debidamente señalizado con marcas blanco-amarillas inicialmente y con hitos en la parte final nos va a llevar al Chorro de Las Batuecas, un pequeño salto de agua de varias decenas de metros que ahora en verano y con tanto tiempo sin lluvias no es más que un hilo.

A lo largo del trayecto siempre paralelo al río Batuecas atravesamos diferentes tramos como el inicial pisando sobre las raíces de los árboles que asoman a la superficie con un olor a eucalipto que parece limpiarte las vías respiratorias, zonas de fácil caminar alternando con otras donde se complica por la presencia de piedras. Es casi constante la sombra proporcionada por los árboles que permite que no acusemos el calor que hace y el sonido del agua, que hacen que el camino sea más ameno, incluso cuando se endurece un poco por la pendiente que adquiere puntualmente.

La vuelta por el mismo camino es más rápida y encontramos gente bañándose y pasando el día en las pequeñas pozas y remansos del río conocedores de este pequeño oasis a las puertas de Extremadura.

Reseñar que se pueden ver unas pinturas rupestres que están debidamente señalizadas, o más bien se pueden intuir o imaginar, porque su estado de conservación es deplorable a pesar de estar "enrejadas".

Termina la ruta pero no la jornada, así que nos vamos a comer a una piscina natural en Riomalo de Abajo, manjares que nos saben a gloria después de varias horas caminando, y para rematar el día y el fin de semana nos acercamos a La Alberca a dar una pequeña vuelta por el pueblo y a relajarnos en una tetería de la que había oído hablar.

Esperemos que se repita pronto.


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